martes, agosto 07, 2007

DISCURSO DE NICOLAS SARKOZY, PRESIDENTE DE FRANCIA

'fernández' es un comentarista del blog de Jordi Sevilla


fernández dijo:

3 de Agosto de 2007 - 18:06

A continuación copio un correo que he recibido. Merece la pena ser leído, por su paralelismo con el Reino de España:

DISCURSO DE NICOLAS SARKOZY, PRESIDENTE DE FRANCIA

“Hemos derrotado la frivolidad y la hipocresí­a de los intelectuales
progresistas . El pensamiento único es el del que lo sabe todo, y que
condena la polí­tica mientras la practica.

No vamos a permitir mercantilizar el mundo en el que no quede lugar para la cultura : Desde 1968 no se podía hablar de moral.

Nos habí­an impuesto el relativismo. La idea de que todo es igual, lo
verdadero y lo falso, lo bello y lo feo, que el alumno vale tanto como el
maestro, que no hay que poner notas para no traumatizar a los malos
estudiantes.

Nos hicieron creer que la víctima cuenta menos que el delincuente. Que la
autoridad estaba muerta, que las buenas maneras habí­an terminado.

Que no habí­a nada sagrado, nada admirable. Era el eslogan de mayo del 68 en las paredes de la Sorbona: “VIVIR SIN OBLIGACIONES Y GOZAR SIN TRABAJAR”. Quisieron terminar con la escuela de excelencia y del civismo.
Asesinaron los escrúpulos y la ética.

Una izquierda hipócrita que permití­a indemnizaciones millonarias a los
grandes directivos y el triunfo del depredador sobre el emprendedor. Esa
izquierda está en la polí­tica, en los medios de comunicación, en la
economí­a. Le ha tomado el gusto al poder.

La crisis de la cultura del trabajo es una crisis moral. Voy a rehabilitar
el trabajo.

Dejaron sin poder a las fuerzas del orden y crearon una frase: ‘SE HA
ABIERTO UNA FOSA ENTRE LA POLICIA Y LA JUVENTUD’:

Los vándalos son buenos y la Policí­a es mala.

Como si la sociedad fuera siempre culpable, y el delincuente inocente.

Defienden los servicios públicos, pero jamás usan un transporte colectivo.
Aman tanto la escuela pública, pero sus hijos estudian en colegios privados.
Dicen adorar la periferia y jamás viven en ella. Firman peticiones cuando se expulsa a algún okupa, pero no aceptan que se instalen en su casa.

Esa izquierda que desde mayo del 68 ha renunciado al mérito y al esfuerzo, que atiza el odio a la familia, a la sociedad y a la República.

Esto no puede ser perpetuado en un paí­s como Francia y por eso estoy aquí­.

No podemos inventar impuestos para estimular al que cobra del Estado sin
trabajar.

Quiero crear una ciudadaní­a de DEBERES. Primero los DEBERES, luego los DERECHOS.

Sarkozy

(Sólo queda decir: ¿No tendrán otro Sarkozy para traerlo aquí?)

sábado, julio 21, 2007

La ley que avala el delito

Sentirse español y patriota, leal a la Nación y a la legalidad del Estado de Derecho, en España, es causa de acoso político por el partido del gobierno y por sus socios y apoyos nazis. Y lo es mucho más, paradójicamente, que por negociar, amparar o dar cobertura política internacional a la banda terrorista ETA, legitimándola. Esto da una idea de lo que está padeciendo la Nación española a merced de individuos de semejante ralea.

En un régimen corrupto y autoritario, se suele legislar contra derecho, por lo que acatar algunas leyes propiciadas por ese régimen supone renunciar a ciertas libertades fundamentales, además de ser privado de la justicia y el amparo debidos por el Estado. Ejercer la legítima defensa, haciendo pleno uso de esas libertades, pasa necesariamente por el desacato de las leyes injustas. No obstante, la apariencia democrática tras la que discurren las situaciones arbitrarias, permiten al tirano perseguir y neutralizar el ejercicio a la legítima defensa, convirtiendo en criminal, por desobediencia civil, lo que evidentemente es una persecución política. El tirano intentará eliminar así, como si de un vulgar delincuente se tratase, al honesto ciudadano que ha optado, debido a su integridad, por el acto de legítima rebeldía que le zafe de las medidas opresivas. Un ejemplo claro, no de los más graves, lo tenemos en los objetores de la asignatura “Educación para la Ciudadanía”, a los que se les amenaza con no graduarse sin haber aprobado dicha asignatura.

Las opciones del ciudadano, por lo tanto, se reducen a ser perseguido como un vulgar delincuente o bien a prescindir de su dignidad en un acto de aceptación sumisa de sus derechos conculcados. Ahora bien, acatar el poder del régimen y sobrevivir con la conciencia de estar siendo vilipendiado, además de afectar al honor y a menudo al patrimonio, es una forma de legitimar a ese régimen corrupto. Lo que ocurre es que en este caso nada puede hacerse en el ámbito de la Justicia, porque los tribunales, a su vez, simplemente aplican las leyes tal cual y según les llegan. Y es que nos hallamos ante un aparato judicial, mitad controlado, mitad mediatizado, que en gran parte secunda al mismo tirano que “fabrica” las leyes. Luego las alternativas son: O indignidad marginal, por desobediencia a la ley, o indignidad cobarde por sumisión.

Si ya es doloroso sufrir este dilema bajo la angustia diaria de no poder escapar a una carga que impide el disfrute pleno de la democracia, lo más descorazonador es ser deslegitimado, en cada crítica o reclamación, mediante el despectivo encasillamiento ideológico que supone, a menudo, que uno sea alineado con un determinado partido político. Es decir, el poder, además de expoliar y vejar a muchos ciudadanos, se permite acusarlos de fascistas por el mero hecho de que se nieguen a aceptar “pulpo, como animal de compañía”. Otro de los aspectos desagradables que conlleva el presente régimen, es el hecho de ser acusado de idiota por voceros gritones y semianalfabetos que, disponiendo de muchas horas en sus medios, arrojan sus descalificaciones con insoportable autosuficiencia y con patéticas poses de intelectuales de tabernilla.

La mitad de los españoles estamos siendo reprimidos y expoliados, mientras se nos distrae con el acoso y derribo destinado al Partido Popular. Un acoso que, en principio, fue contra Aznar, personaje que ahora se asocia a todo aquel que se oponga a las fechorías del partido en el poder. Como si de un pecado original se tratase, cualquier opositor pasa a ser heredero de los demonizados “antecendentes” de Aznar y de la no menos demonizada lealtad de Rajoy a la legalidad democrática y a la Nación. Aun sin tener ninguna relación personal, comercial ni política con estos señores del PP, uno está obligado a renunciar a sus derechos para no ser estratégicamente asimilados a ellos. La mayor parte de la otra mitad de españoles, afines al régimen, en su mayoría gozan de la deferencia de recibir el trato de “sin dolor”. Es decir, sin que tengan ni pajolera idea de que les están mangando hasta el NIF —solo unos pocos reciben beneficios netos—, mientras les envenenan la sangre y les llenan de odio hacia cualquiera que se manifieste disconforme del acoso antidemocrático del gobierno contra la oposición o contra los “fascistas” de las AVTs.

Si no se produce un cambio muy significativo, España camina directamente al suicidio con leyes políticas que desequilibran la igualdad, rompen la convivencia y destruyen su unidad. Y esto sucede por la iniquidad de un gobierno que se arroga el derecho a repartir canonjías según criterios adaptados en exclusiva a sus intereses y objetivos, entre los que, ya no tengo ninguna duda, está el fin de España como Nación.

Clandestino

sábado, julio 14, 2007

Estatutos para el expolio “federal”

¿Por qué tengo que pagar impuestos a una “nación” enemiga y permitir que el Estado que mantengo esté más a su servicio que al mío, o que sus diputados y senadores mangoneen las políticas y las legislaciones en mi Parlamento y en el Senado de mi Nación?


Si no recuerdo mal, hace algo más de veinte años, el Presidente Felipe González tuvo un lapsus de lucidez que, alineándolo con sus deberes, le llevó a tratar de implantar el libre comercio y “descentralizarlo”. Con el fin de frenar el subdesarrollo económico tradicional de la mitad sur de España y el consiguiente despoblamiento de sus provincias, González permitió algunas importaciones de productos cuyo abastecimiento, desde tiempos inmemoriales, había sido acaparado por el mercantilismo de Cataluña. Fue un intento tímido de diversificar el comercio a través de distintas rutas peninsulares.

Muchos recordarán la trifulca histérica y medio vociferante con la que le obsequió el señor Pujol, esgrimiendo su tradicional y eficaz arma de amenaza y extorsión: el independentismo, que para él era la forma de “defenderse” del centralismo españolista de Madrid. Pujol amenazó con azuzar a sus mesnadas cuando realmente sólo defendía, como siempre, la obstrucción de la implantación democrática en el comercio e impedir el libre mercado que les obligase a los catalanes a competir en pie de igualdad. Naturalmente, de su típico y hábil manejo de la extorsión surtió el tradicional efecto de ver satisfechas las demandas de su potente maquinaria ventajista sobre el resto de España. El asunto se resolvió pactando, entre ambos y medio a escondidas, el famoso y vergonzoso PER, que supusieron evitaría el despoblamiento en el sur y garantizaría una reserva permanente de mano de obra, de disponibilidad inmediata y barata, para las zonas más industrializadas, como el País Vasco, o comerciales como Cataluña. Las pateras aún no tenían a España entre sus objetivos.

Libre de la tenaza franquista, a los catalanes les fue muy fácil manejar a su antojo a aquella España entonces tan ingenua con los que en el transcurso del tiempo habrían de ser sus enemigos políticos, los nacionalistas. Madrid continuó descentralizando competencias a favor de Cataluña, mientras ésta continuó afianzándose como un gigantesco almacén de compraventa e importaciones que, reconvertidas como marcas propias, copaban el mercado nacional en un porcentaje muy superior a las producciones locales. Tal sistema les generó muy poca o ninguna competencia a los catalanes, dando así continuidad al proteccionismo franquista sobre la economía de la región catalana. Pero a diferencia del régimen anterior, ahora solo de forma unidireccional: riqueza del resto de España hacia Cataluña, como consecuencia de un mercado que seguía casi cautivo, y desvinculación social y política de Cataluña hacia la Nación y su Estado, en clara deslealtad y en oposición al derecho al desarrollo económico del resto de España, una vez asentado el expolio de sus materias primas, como por ejemplo el algodón andaluz que pasaba a ser transformado en las fábricas de Mataró y a centuplicar su precio cuando regresaba.

A la clásica dependencia del entramado industrial vasco, España le suma ahora la subordinación al entramado comercial catalán, que junto a las grandes empresas de suministros y servicios radicadas en Cataluña —cuyas radicaciones allí fueron exigidas y complacidas en todas las épocas, algunas por Zapatero, como el fallido intento de Endesa—, suponen el expolio para el resto de España mediante el casi monopolio comercial. Y en el futuro ese expolio deberá incrementarse gracias a la inexplicable traición de Zapatero a la Nación española, y a la mas que dudosa constitucionalidad de unos estatutos que no solo conceden la independencia de facto a Cataluña, sino que la convierten en “potencia colonial” sobre España. La nefasta y claudicante descentralización política, paralela a una semi-protegida concentración económica catalana, invierten el papel del Estado, pasando de regidor nacional a servidor legal, pero ilegítimo, de los enemigos declarados de España. Recordemos: “España no me es simpática”. Carod dixit. Así, pues, todo el nuevo andamiaje constituye una traición impune y sin escrúpulos, solo posible con la colaboración de los responsables de proteger a la Nación española.

Dando curso a ese estatuto de Cataluña, recurrido como sabemos y que por lógica debería ser totalmente anulado, los políticos catalanes han tenido la indecencia de no esperar al dictamen del Tribunal Constitucional y han creado su propia Agencia Tributaria “para recaudar SUS impuestos”. Se refuerza así la trampa de que la “nación” catalana mantendrá todos los derechos políticos y civiles en España, mientras España no tendrá absolutamente ninguno en Cataluña al haberle cedido todas las competencias. La clase política catalana podrá así ejercer magistralmente su miserable extorsión en los mercados financieros y comerciales, que irá acompañada de la nazi discriminación excluyente, mediante, entre otros, el uso político del idioma. Lo que los avaros políticos catalanes llaman “sus impuestos”, incluyen los que recaudarán en toda España, por ejemplo en concepto de IVA. Esto significa que además de la tradicional explotación a su propia ciudadanía hispano-catalana, abandonada en la indefensión y desamparo por el Estado, obtienen una concesión ilimitada para ampliarla a todo el territorio español. Recaudarán impuestos de todos los españoles mediante su implantada y blindada red comercial, casi exclusiva, y decidirán las políticas comerciales de su interés y contra los nuestros, y encima lo harán desde NUESTRO propio Parlamento, donde tienen la capacidad de mediatizar las decisiones del Gobierno. Cada español que utilice un servicio o consuma un producto de marca catalana pagará impuestos a la Agencia Tributaria catalana, que así expoliará a la española y por ende a la Nación. Aumentaremos el enriquecimiento de Cataluña a costa del inevitable aumento en el empobrecimiento de España, mediante el expolio del IVA repercutido, como se ha dicho, y de los impuestos sobre beneficios, además de generarles riqueza derivada de la producción, manipulado y transportes de los productos.

La clara independencia, implícita en el estatuto catalán, no se ha concretado oficialmente solo porque del modo en que han quedado gozarán de un estatus mucho más ventajoso que la propia independencia. Es decir, aparcan dicha independencia y se aferran al federalismo “asimétrico” como forma de encubrir y mantener su colonización y explotación de la Nación española, dándose la paradoja de que pagaremos impuestos y, en gran medida, nos someteremos a una “nación” declaradamente enemiga por algunos de sus más significados dirigentes y con poder sobre las decisiones de nuestra política. ¿Se imaginan un estatuto que nos obligara a pagar impuestos a Marruecos y encima decidieran las políticas de su interés, en detrimento de los nuestros, en nuestro propio Parlamento? Si trasladamos eso a Cataluña, tendremos ante los ojos la esencia del estatuto catalán: España, colonia catalana para su explotación económica y mangoneo político.

Los traidores del gobierno se burlan con sarcasmos de los que pronosticamos la ya consumada ruptura nacional, solo porque sus protagonistas-beneficiarios la encubren para su conveniencia. La evidencia resalta y se eleva por encima de todas sus mentiras. La excusa es que todos podrán hacer unos estatutos según sus intereses, pero todo está calculado, porque la posible renovación de los demás estatutos solo servirá para consolidarle, a cada uno, su “nacional” pobreza, a costa de enriquecer a esos listos a los que se les ha blindado el monopolio del poder y de la riqueza. Ni siquiera podrán paliar ligeramente su miseria protegiendo sus productos locales. Ni el Estado ni la UE lo permiten. La trampa es perfecta. Solo la legitimidad del poder soberano del pueblo ante semejante injusticia podrá y deberá neutralizar el delito del gobierno zapaterino. El truco del federalismo “asimétrico” no cuela. ¿Qué utilidad tendrá para los andaluces un estatuto similar al catalán, cuando sus ciudadanos paguen impuestos a Cataluña y no los reciban de nadie porque su balanza comercial será desmesurada y progresivamente negativa? Los andaluces, me temo, seguirán en la cola de cualquier índice de desarrollo, como consecuencia de su contribución al enriquecimiento vasco y catalán, un hecho que dura ya varios siglos.

Los ciudadanos han de exigirles a sus gobiernos autónomos que les defiendan de esta agresión urdida por los políticos de Cataluña, el País Vasco y los traidores ocupas del Estado. Las regiones expoliadas deben promover normas que inciten a sus comerciantes a cubrir sus mercados y a negociar sus propias importaciones directamente en origen, puenteando las rutas Vasca y Catalana. España no puede permitirse esta lacra infecta, de claro corte fascista, que nos prive de derechos y progreso otros quinientos años. A poder ser, ni siquiera uno más.


Clandestino

jueves, julio 05, 2007

La ley destinada al expolio

Estoy profundamente convencido de que estoy siendo legalmente humillado y agredido en mis derechos y en mi patrimonio, cuando me obligan al pago de un canon a la SGAE, por consumo de productos legales y de libre comercialización y venta en todo el mundo. Sin embargo, reconozco que la SGAE, aunque es la sociedad recaudadora, no comete un delito por estar legalmente autorizada a hacerlo. Efectivamente, los de la SGAE no son ladrones, al menos por esto. Realmente es el gobierno el que pone la ley al servicio de los grupos de presión en un mercadeo con derechos ajenos, arrogándose la potestad de darlos a quien convenga, hurtándolos previamente a sus legítimos dueños, traicionando a la Nación, una vez más, al adulterar la ley que garantiza ese derecho, legislando a favor de actuaciones que en cualquier “Legalidad Democrática” son constitutivas de delito. Mientras que en democracia el expolio siempre es delito, bajo cualquiera de sus formas, en un régimen totalitario plagado mafias, corruptos, desleales a la Constitución, a la Nación y a cualquier valor o principio, el expolio es la tónica habitual.

De esta forma el Estado, además de ahorrarse perseguir y erradicar el delito, lo usa como excusa para justificar leyes que sirven para reprimir, recaudar y repartir la responsabilidad civil subsidiaria sobre toda la población. Al ahorro por la laboriosa y poco eficaz tarea de perseguir un delito, como la piratería, se suma la rentabilidad que supone el que todos hemos de pagar las pérdidas de los colectivos “afectados”, tanto institucionales como privados, tanto afines como acreedores. Así se hace con la SGAE. Con el tráfico rodado. Con el mal trato doméstico. Con la “ley” de igualdad. Con la discriminación positiva. Con las fugas por trapicheos fiscales. Con las prejubilaciones. Con las subvenciones. Con las corrupciones. Con numerosas omisiones de los capitostes municipales, regionales y del propio Ejecutivo... Todo un descomunal revoltijo de víctimas y delincuentes obligados a convivir compartiendo los espacios físicos y legales.

Esto naturalmente solo es posible en un país donde la nación, además de pagar el lujo y el despilfarro a un gobierno desleal, permite su autoritarismo sectario y que haga gala de un absoluto desprecio al derecho y a la justicia. El Estado es utilizando a modo de plataforma para intereses de partido y de todo su entorno-colchón beneficiario, afín o asociado. Un gobierno en manos de gente que, por su calaña, son habitualmente denominados tercermundistas, barriobajeros o bananeros, de talla moral muy inferior a la de esa ciudadanía cuya explotación se reparten, como si fuera ganado.

Un gobierno decente y democrático articularía todos los medios a su alcance para facilitar al ciudadano la mejor enseñanza, en total libertad, inculcándole el libre acceso, creación, divulgación y disfrute de toda la cultura posible. Un gobierno decente educaría a ese ciudadano para que en el mundo cultural distinguiera la calidad, las formas, los estilos y orígenes, lo que favorecería la evolución del individuo y le prepararía así para que fuese capaz de eludir las basuras y sus basureros disfrazados de cultura. Un gobierno decente jamás legislaría para impedir la cultura, para obstruirla, gravarla o convertirla en vulgar estrategia de lucro o para consolidar su mercado de votos. Un pueblo culto es un pueblo unido, libre, creativo, activo y fuerte, con gran capacidad de autogobierno y muy difícil de someter y engañar.

Que se respeten y garanticen los derechos de autor, como todos los demás derechos, me parece algo legítimo. Que se legisle una transfusión de derechos a favor de la SGAE, criminalizando y desposeyendo de esos derechos a grandes colectivos o a toda la Nación, es una vulgar y humillante estafa democrática que además motiva la indefensión de sus víctimas. La cultura, en todos sus estilos y formas de expresión y divulgación, nunca dejó de crecer en abundancia, riqueza y solidez desde milenios antes de existir la SGAE. Una cosa es el arte y la cultura y otra bien diferente el negocio generado a su sombra y a costa de imponerlo por la fuerza.

La SGAE sobra, como sobran todas las mafias y corporativismos. Su boyante y antidemocrático negocio procedente del expolio, también. El que tenga algo que ofrecer, que compita en el mercado como cada hijo de vecino. El consumidor premiará el trabajo y la calidad, hundiendo a los vividores y chupópteros.





Clandestino

sábado, junio 23, 2007

La estafa democrática solo puede acabar en caos.

La apática indiferencia del pueblo español, ante la alta traición y ruptura de la nación, es el resultado de una oposición acomplejada y preocupada en asegurar sus muebles, permitiendo la continuidad del caos antidemocrático y ventajoso a sus intereses, por un lado, y por otro, al evidente adoctrinamiento hacia la ignorancia, implantada mediante planes de enseñanza, con apoyos de psicólogos y sociólogos, en todos los colegios de la era González, que generaron un gran fracaso escolar y las debidas distancias e incluso ruptura, entre padres e hijos, formando el embrión del ya casi concretado desmembramiento nacional, una vez roto el principal referente de unidad y transmisión de valores, a través del, entonces, férreo vínculo familiar. Inocularon de forma eficaz el recelo y la desconfianza en el seno de familias decentes, antaño unidas en el calor del respeto y el cariño. Destruido el núcleo familiar, sus individuos son víctimas propicias de clanes perversos encumbrados mediante el despojo y malversación de su propio poder.

Aquellas arengas del profesor Tierno Galván incitando a los jóvenes al consumo de porros, certificaban aquella labor de adocenamiento mental colectivo sobre aquellas generaciones que hoy ocupan cargos relevantes en los poderes de la nación y conforman esa masa pasota y amoral, víctimas del Estado y de sí mismos, una vez despojados, entre otros muchos valores, del concepto de unidad nacional, solidaridad, patria, familia y dignidad, hasta dejarse explotar en la sumisión, el desconcierto y la indefensión. El relevo se consumó mediante continuas oleadas de prejubilaciones -pactadas entre grandes empresas, sindicatos y el Estado, pero pagadas por todos- de personal “curtido” en valores de convivencia solidaria, relevados por los nuevos ejecutivos vaciados de esos valores y amaestrados en la frialdad del dato y la norma, en forma de inflexible rodillo, como única respuesta a la problemática social. El embargo, la ruina y el esquilmo, como norma legal y habitual, empieza a formar parte del paisaje nacional.

Tras dos legislaturas del PP en las que se pasa página, sin derogaciones, sin imputados y sin el más mínimo indicio o intencionalidad de implantación democrática, se produce una ralentización en el desmembramiento nacional, ya en estado avanzado, recuperándose la economía y reduciendo el terrorismo a la mínima expresión, siendo este paradójicamente, el que los desplaza del Estado, cayendo este en manos de un PSOE, que casualmente pasaba por allí, y que recupera la ansiada y avanzada labor de destrucción y expolio, exactamente donde lo dejara el anterior gobierno socialista, con una rabia y odio cerval desmedidos, contra la nación y sus valores, como acción de gobierno prioritaria.

Odio y rencor que luego queda a la descubierta, es previamente negociado y pactado, a la sombra de una ilegalidad claramente punible e imputable, al ser esta con organización terrorista, y otras radicales, traidores y públicamente declaradas enemigas de la nación, incurriendo en alta traición a la nación y a su Estado –mientras, mentían con faz de corderos en incondicional apoyo antiterrorista a los gobiernos de Aznar- quitándose la careta y arremetiendo con constantes y brutales andanadas sobre los últimos reductos de legalidad constitucional y donde aún se podían referenciar esos valores tan vilipendiados, concentrando sus feroces ataques contra sus garantes y custodios, como la iglesia, los liberales y las propias organizaciones de víctimas de sus socios nazis, mafiosos o terroristas, evidenciando claramente que son estos los que dirigen esa política, quedando el gobierno en un vulgar y patético títere, en manos de todos ellos y contra los intereses nacionales.

Las pequeñas fisuras las van parcheando mediante leyes de discriminación y paridad, leyes sectarias criminalizando a unos y gratificando a otros, recomendando a docentes, impartir lecturas de pornografía homosexual, encargando a cuenta del contribuyente, alguna biblia porno, presión fiscal, sometimiento legal, duras y numerosas sanciones y un amordazamiento de por vida con hipotecas y subvenciones, que amplían las diferencias que impidan la unidad, aunque dejan al desnudo la gran y bananera estafa democrática.

En apenas tres años, el Estado queda como un gran ente virtual, sin apenas competencias, e impotente ante las duras y constantes amenazas y omisiones de los socios nazis del gobierno, entre otros, o de los terroristas, aceptando su identidad y poder solo en la medida que les sea útil para amparar o legitimar los abusos de los caudillos en sus respectivos feudos, para controlar a la masa ciudadana, garantizando su desamparo. Da cobijo a desaprensivos, que han rebajado las formas de hacer política, asimilando las maneras arrabaleras, habituales en los antiguos lavaderos públicos. Una vez libres de numerosas responsabilidades, derivadas de esas competencias cedidas, siguen manejando el mismo presupuesto de auto-mantenimiento, muy superior a lo que el contribuyente medio debe o puede pagar. Se multiplica la dictadura por miles y cada una habilita instrumentos legales para recaudar parte de su mantenimiento, engordando las plantillas y la necesidad de recursos económicos que obligan al contribuyente a pagar impuestos, tasas y sanciones nacionales, autonómicos o locales, a cada uno de ellos por separado, además de a algún sector privado, afín o asociado, como SGAE, por consumo de determinados productos inocuos y legales, o a las Cámaras de Comercio, por ningún producto consumido, ni demandado.

¿Cuánto tiempo va a durar esta situación de irracional anarquía totalitaria sostenida mediante el delito y la represión, que patrocinada y promocionada desde La Moncloa, contamina a todas las instituciones de un Estado a la deriva, sin gobierno, que consolida la exclusión y desprecio al ciudadano y a su democracia pagada y escamoteada?

Los grandes bancos venden sus bienes raíces -entre los que se cuentan edificios emblemáticos, que son la historia de esas entidades- como único lastre que les impediría abandonar el barco en su ya inevitable hundimiento... Invertirán en el extranjero. O sea que sacarán la pasta. Esa es su explicación. ¿No suena extraño cuando se supone que somos el motor económico de Europa? ¿Se augura un batacazo en la economía? Saben que cuando pintan en bastos lo primero que hace “la plebe” es aliviar su furia arremetiendo contra los bancos. ¿?

¿Se prepara un Estado en el exilio, por lo que pueda pasar?

¿Saben algo que ignora la nación?




Clandestino

domingo, junio 17, 2007

"Democracia" privada. Sometidos cabreados.

Cada cuatro años la ciudadanía es invitada, incitada, para ir a votar a unos señores propuestos por un señor, con poder sobre sus decisiones. Este señor dirigirá los destinos de la nación durante, al menos cuatro años, imponiendo su particular criterio sin que el pueblo, o grandes colectivos de ciudadanos, puedan activar ningún mecanismo para evitar decisiones que les sean gravemente dolosas, lesivas e incluso vejatorias, que mediante leyes, normas o decretos, pasarán sobre ellos como rodillos, en una “democracia” sostenida sobre grandes poderes que haciendo añicos el Poder Soberano de la nación, pone a esta a servir al Estado y a la economía privada, en lugar de todo lo contrario.

Los que padecen, a diario, las tarascadas de este sistema político, claramente oligárquico, en el que los partidos solo se sirven así mismos, hasta redondear una consolidada oligarquía partitocrática, que no solo se asienta en el totalitarismo, sino que invierte gran parte de los recursos del Estado en la caza y captura de la oposición y ejercer el control sobre la ciudadanía, en un ejercicio bochornosamente antidemocrático, además padecen el constante bombardeo con eslóganes de márketing, que desde el más patético insulto a la inteligencia, intenta venderles una democracia que los excluye, por ser particular, cuyo uso y disfrute no supera el 30 % de la nación. Es la tónica habitual en discursos, mítines o conferencias. Así quedó claro con unos estatutos europeos que a nadie le interesó, por antidemocráticos. Con unos estatutos autonómicos, metidos con calzador y que a nadie interesan, por antidemocráticos. Con unos planes de enseñanza con asignaturas que rozan el antidemocrático adoctrinamiento político.

“Hay libertad de expresión”, dicen. Como si a alguien les importara las reivindicaciones de nadie. Tras el absoluto desprecio a grandes masas que repetidamente tomaron las calles contra barbaridades como la guerra de Iraq, asesinatos de ETA o las deplorables políticas del Estado ante esa organización criminal, aún tienen la osadía de seguir rentabilizándolo. Tanto los unos como los otros.

El dictador tuvo la gallardía de afrontar su totalitarismo a cara de perro. Esto que llaman democracia se oculta tras una Constitución, mas o menos democrática, posteriormente enterrada en una montaña de leyes de prohibir, de imponer y de sancionar que se solapan o invaden otros derechos, secando el libre albedrío y con él todas las libertades. El ciudadano está criminalizado, sometido y vigilado desde que sale hasta que vuelve a su hogar. Todo en pro de evitar una delincuencia que cada día aumenta y se consolida más. Un totalitarismo intervencionista, que regula la vida ciudadana al cien por cien, incluidos aspectos sentimentales y de conciencia, cocinado en la Moncloa franquiciando a diecisiete señores autonómicos y a más de ocho mil regidores municipales. Todos ellos con poder total en sus demarcaciones rentabilizando los derechos obstruidos o impedidos a millones de ciudadanos, mediante decisiones, en muchos casos, absolutamente totalitarias y antidemocráticas para grandes bolsas ciudadanas, ante la total indefensión y desamparo del Estado. El miedo al “cuartelillo”, da paso al miedo al campo minado que hay que sortear en cada movimiento.

En la dictadura todos sabíamos quién era el malo. De quién nos teníamos que guardar, en cualquier lugar de España que nos encontráramos. La nación se apiñaba solidariamente, contra el mal común, creando un espacio que le enajenaba del régimen, hasta convertirlo en algo más habitable que el actual. Ahora cada territorio tiene sus normas, sus objeciones, y su caudillo. Cada territorio vive en la indiferencia o de espaldas a los otros, pero todos tienen en común el uso del ciudadano como útil para sus fines. Siendo muy pocos los que cumplen con el deber democrático de servir al pueblo que lo elige y paga para eso y solo para eso.

No hay políticas. Rige la ambición y acaparamiento de poder. Cualquier valor, principio o derecho que defienda el oponente, será desprestigiado o eliminado de la vida de millones de ciudadanos que verán restadas sus bondades o nutrientes espirituales. El partido en el poder se encarama en un nivel que supera la legalidad y cualquier principio que sirva al conjunto ciudadano para desarrollarse como individuo y como parte de la nación. No hay estamento civil, legal o político que lo detenga o controle.

Las madres de esta “democracia”, paren hijos inteligentes y libres, y el Estado los adoctrina y los somete, hasta convertirlos en simples autómatas programables y rentables, evidenciando que esta democracia no pasa de ser un bonito y colorido decorado, que encubre un infierno para millones de ciudadanos, en la conciencia de que no se les permite serlo.


Clandestino

miércoles, junio 13, 2007

Sin ofensa se cree ofendido y de su propia medicina toma su merecido

Una parte de la "afrenta"

Franco fue lo que fue. Ni más ni menos. Nadie pretende hacerlo mejor, aunque son muchos los que le hacen todo lo peor que pueden falseando la verdad, para evitar que sea un referente de su propia ruindad y mezquina insignificancia. Para nuestra desgracia su régimen no es insuperable. Así lo dejan claro los hijos del odio y el rencor heredado, de segunda mano, y adulterado, para que abulte más, que sin escrúpulos ni pudor, como auténticos rufianes, se abalanzan sobre la yugular del derecho y la dignidad de las personas, con sus fauces salibeantes que desconciertan a sus víctimas entre el estupor y su narcotizante hedor, usando como parapeto de su degradación, el cadáver del dictador, del que no se dice que sea bueno ni malo, sino que se demuestra que lo que hay es mucho peor.



Mostrando hidalgo linaje y firme posición de izquierdas, el ofensor y ofendido, arremete con toda su artillería, cargada con orgullo de apellidos y con enjundias de oficios, los mismos que oculta estando en Madrid, cambiándolos por miedos y vistiéndolos de clandestino, muestra con orgullo sus misiles, en los que deja entrever su carga y algunos contenidos: "¿Sabe Vd. con quién está hablando?"..."¿Sabe Vd. quién soy yo?"..."Soy hijo de..."

Sr.Clandestino:

Soy sobrino de Enrique xxxxx ,ministro de la República, elegido democraticamente, no golpista. Soy hijo de Antonio xxxxx, concejal elegido democraticamente e hice mis primeras armas en España organizando clandestinamente ,como argentino, las huelgas de estudiantes de mayo de 1965 y 66 en Madrid.
Mi padre fue presidente del Hogar Andaluz de Argentina-Uruguay, Paraguay y Chile durante 20 años.
Tengo el honor de haber servido a las ordenes de Ernesto Ché Guevara en el norte de Argentina.
Firmo con mi apellido con orgullo.
Ud. oculta sus datos seguramente por avergonzarse de él.
Como dice el tango, lo demás, es puro cuento, es vivir en una nube de pedos.......


Respóndole armado con humor en chanza distendido, castigador... pero no vengativo.

Sr. xxxxx

No hay duda de la gloria, según relata, de sus parientes y antepasados, de los cuales presume y hace bien, ya que es mérito el que cree heredar de ellos, superando el triste honor por órdenes haber recibido, de un mediocre, cruel y embrutecido, como el Ché, que lejos de darle gloria a la herencia de su apellido, le deja malparado y desmerecido.

Clandestino soy -igual que Vd. admite haberlo sido, por sus razones, que al contrario que Vd., yo sí respeto- dando mi identidad a quien, en mi derecho considero, en el legítimo uso de mi inalienable y libre albedrío. Orgulloso de mi apellido y de mi estirpe, de solo dignidad en su histórico contenido, el que no estoy dispuesto a comparar en méritos y honores que realzan a zafios y presumidos, que ante su insignificancia pregonan cargos y oficios creyéndolos enjundias y realces para apellidos, restregando patéticas señorías de cargos políticos, a señores por bragados y honorables en su propia dignidad y prestigio, tras ser debidamente auto-despojados de honores en valor de batallas y en siempre dudosos méritos políticos, vanidades que solo sirven para adornos en vanagloria, a petimetres y lechuginos, o como lastre y bochorno al hombre de ley y valor, íntegro y digno, cuyo aura es fiel reflejo ilustre que, llámese cual sea su apellido, brilla por sí mismo. No elevan cargos ni oficios en un mundo que los nutre en abundancia de ineptos, serviles o locos perdidos, donde ser decente es razón para ser perseguido, donde salvar el honor pasa por dimitir antes de apoltronarse o ser dimitidos.

Quede con Dios en su creencia y en el, gracias a su familia, honor presumido, que no en su buen juicio, lamentando no poder felicitarle por sus alborotos o retozos del sesenta y cinco, que sin duda restan gloria al honor heredado, al incluido con su apellido, el cual no se cuando encumbra u ofende, si cuando lo enaltece o cuando ejerce de 'buen' clandestino. O tal vez no le hace cuentas en estando absorto y medio dormido, en su nube de pedos perdido y perturbados algunos cuantos de sus sentidos.

Saludos cordiales y ya sabe donde tiene a un posible amigo, cuyo nombre no quita ni pone honor y orgullo, a la grandeza de mi humilde desnudez, con cuya sobria austeridad es con la única que me adorno y me mido, siendo siempre yo, y siempre el mismo, con la dignidad de mi nombre o, por igual, con la de Clandestino.

Clandestino