jueves, abril 26, 2007

¿Democracia? Con la administración hemos topado

Es cierto que la administración debe articular servicios y equipamientos para cubrir determinadas deficiencias que el ciudadano descuida u omite cuando dependen de su propia iniciativa. Pero también es cierto que se desentiende del debido cumplimiento de estos servicios, por su parte, generando vicios y carencias que desvirtúan o condicionan la calidad del servicio y el debido respeto que debe prevalecer en toda relación comercial entre todas las partes, llegando, en algunos casos, a condicionarlos a la aplicación de un nivel de prepotencia que dependerá del grado de sumisión que muestre el cliente, llegando, en muchos casos, a omitir deberes, extorsionar, prevaricar e incluso a amenazar con actitudes que supera la grosería y alcanza la vejación, llegando a usar su posición de respaldo corporativo, por la administración, para prostituir el intercambio, responsable y justo entre cliente y proveedor -hasta ejercer de juez y verdugo- usando la obligatoriedad como instrumento de represalia o venganza, como castigo por la osadía de reclamar lo que el cliente considera su derecho, incluso cuando el derecho y la razón lo asiste de forma clara y evidente.

Esto es una práctica habitual y asumida por la administración en general desde la mentalidad de que cuando alguien se atreve a reclamar o comete un error o infracción, está justificado agredir dispensando un trato humillante al infractor, como “guarnición” de cosecha propia a la correspondiente sanción. Sobre las quejas o reclamaciones al respecto son habituales la aplicación de represalias, con instrumentos legales con los que la administración se arma para silenciar a los más “rebeldes”, como la deslocalización de la prestación de servicios, con excusas infantiles o cambios de normas de su propio régimen interno, que les dificulte el cumplimiento de la, ya de por sí, difícil o desagradable, relación con la misma.

Si resulta frustrante recibir este trato, lo peor y más ingrato de todo esto es tomar conciencia, por sufrirlo en propia piel, del hecho constatable de que su existencia es real. De que, lejos de ser algo puntual o accidental, ocurre y seguirá ocurriendo como práctica cotidiana, en la desazón y la impotencia ante la evidencia de que los tentáculos terminales, donde se concreta el nexo del ciudadano con la administración, es el exacto punto donde se diluyen los derechos individuales del mismo, con atronadoras frases como: “Paga y luego reclamas” o “Si denuncias, habrá mucho más”.

Siempre he supuesto que los responsables de la administración desconocen estas prácticas y podrían remover puestos, reeducando al personal, frente a los que piensan que este es seleccionado y aleccionado para que precisamente sean y actúen de semejante forma. Son muchos años y muchos gobiernos con la misma actitud y modos, tanto en antiguos como en nuevos “fichajes”. Desde el policía hasta la ventanilla.

miércoles, abril 25, 2007

Terrorismo y ridículo. Un peligro que obliga a sacrificar principios por supervivencia

La única fórmula para combatir el terrorismo es el rigor de la ley, ajustada a derecho. Ley justa, impartida de forma justa, en la imparcialidad de un Estado de Derecho. Ni más. Ni menos. El terrorismo es tan grave y peligroso alentarlo y justificarlo por tiranía, cuyo hostigamiento acaba dándole rango de libertador, como justificarlo y fortalecerlo por debilidad, dándole rango de política de Estado. El terrorismo insertado en el Estado es la mayor degradación de cualquier sociedad: O deambula en la frágil frivolidad relativista de la alegalidad u omisión a la ley; o es altamente corrupta y sectaria, por totalitaria. Nunca democrática, culta y cívica, como bases imprescindibles para la convivencia pacífica, libre y solidaria, cuyo referente sea el honorable y firme sometimiento a su legalidad.

En Iraq, no había ni una sola causa que justificara la invasión. Hacerlo ha supuesto un varapalo a la hegemonía occidental cuyos valores de convivencia democrática y relaciones internacionales, en gran parte, se basaban en el respeto a las leyes. Esto ha dejado fluir todo el odio y rencor duramente contenido durante siglos de humillación y esquilmo occidental sobre los colonizados árabes o musulmanes, sumado a décadas de humillación y ataques impunes y desproporcionados de Israel sobre Palestinos, ante la indiferencia occidental. Las consecuencias de esta acción son desastrosas y aun lo serán mucho mas. Se ha abierto la caja de Pandora. Se ha dejado claro que las “avanzadas” democracias occidentales solo se diferencian de ellos en que disimulan mejor sus instintos tan bárbaros y primarios, como los que les son criticados. Abu Graib o Guantánamo, no son ejemplos de democracia occidental que nos puedan enorgullecer, ni dejar impasibles a los “bárbaros” del islam.

En Iraq no había terroristas, ni peligro alguno para Occidente. Muy al contrario occidente tenía en Iraq un dique seguro, contra la expansión del fanatismo de los ayatolah, evitando la reunión con los chiítas del sur y su gran coalición con los wahabitas saudíes que terminarían poniendo en pié de guerra a todo el Islam. El Iraq y la gente que allí conocí, durante algún tiempo, jamás habría hecho daño a un europeo u otro occidental cualquiera. Nos respetaban y emulaban con entusiasmo, muy especialmente a los españoles. Siempre consideré un honor conocer a un pueblo de tanta dignidad, cultura y valor. Sufrí con el crimen que se cometió en él y contra él, como si fuese mi propio pueblo. Destruir Iraq para esquilmarlo y complacer a Israel, supone poner el dogal en el cuello de Europa. Era una plaza segura en medio del mas cerril enemigo occidental. No solo lo hemos destruido, sino que además hemos mostrado nuestra peor faz y nuestras muchas debilidades. Encima Israel es ahora más vulnerable que antes.

Hoy no hay inocentes combatiendo en Iraq, pero hay dos grandes y potentes civilizaciones sabedoras, cada una, que Iraq es el fiel de la balanza que inclinará la hegemonía mundial a favor del ganador. Que actualmente el cenagal de Iraq deja de ser una cuestión de principios, para convertirse en una cuestión de supervivencia. Una lucha por el sometimiento de una de las dos civilizaciones cuyas diferencias y odios, son centenarios. Si queremos que sea la nuestra la que sobreviva, tendremos que pasar por el trago de apoyar, política y militarmente, a los invasores. Aun sabiendo que merecen la justa indiferencia ante su agonía. Pero su agonía será la nuestra a medio plazo si no lo remediamos. Si no los paramos en Iraq, tampoco lo haremos en Al Ándalus, ni en Francia, ni en Alemania… La lealtad de Argelia y Marruecos, pronto sería una anécdota en el olvido. Si Occidente pierde, en Iraq, todo el Islam saltará sobre él como una sola Nación. El gran Islam se completará con la reunión coaligada de las facciones mas radicales y fanáticas: ayatollah, chiítas y wahabitas. Todos ellos con Bin Laden al frente erigido en el gran adalid vencedor del gran líder occidental, “el demonio americano”.

El terrorismo debe ser parado y derrotado en Iraq, donde los reclutas de Al Caeda tienen actualmente su referente de poder y fuerza “bailando” a la todopoderosa USA. Europa debe implicarse y buscar aliados árabes y musulmanes, de todo el islam, formando un amplio contingente de cascos azules, militar-policial y sobre todo de inteligencia, que releve la brutal zafiedad del ejército USA, a servicios de escoltas y apoyo, y dejen de “arreglarlo” todo con bombardeos, no solo de nula eficacia, sino que su estancamiento y bajas continuas, a los terroristas ya le saben a cadáver y lo ven casi vencido. Un sistema europeo de investigación, redadas y detenciones con garantías procesales, debe devolver la confianza a un pueblo que teme y odia por igual a los terroristas de Al Caeda, como a las intervenciones militares aliadas. En este momento Europa no puede eludir una responsabilidad sobre un conflicto que le atañe tan directamente y que no quiso evitar. Tendremos que arreglar el desastre americano, devolverle su dignidad y no permitir que nos vuelvan a meter en otro. Pero no podemos permitir que pierdan. Sería suicida. Es arriesgado, peligroso y costoso, pero inevitable.

Luego demostrar al Islam nuestro sincero respeto y consideración, sin fisuras ni malentendidos, dejando claro que las relaciones han de estar basadas en los derechos humanos y el respeto mutuo hacia las culturas, leyes y tradiciones de cada uno, en su país de cada uno y que aunque no les permitiremos nuevas veleidades, tampoco faltaremos a nuestros compromisos en pro de la paz y normal convivencia.

sábado, abril 14, 2007

Cuando la ley política menoscaba el derecho natural, rompe la convivencia.

Dentro de una misma especie se observan claras y diferentes características en los individuos que la componen. En la especie humana, las mujeres y los hombres somos diferentes, igual que los blancos son diferentes a los negros y los altos a los bajitos o los gordos a los flacos, etc., que pueden llegar a producir interferencias que perturben una convivencia culta y cívica.

Pero la raíz del problema no son las diferencias entre los seres humanos, que compone la especie, sino del tratamiento más o menos interesado que se permiten ciertos colectivos sobre o contra otros, en base a su fuerza, estética, género, raza o posición social. Basta aceptar la natural condición de personas a toda la especie humana y regular los derechos de todos, en absoluta igualdad. Las posibles interferencias por efectos de diferencias naturales, se corrigen con una simple legislación donde se regula la rigurosa igualdad entre todas las personas. Cualquier ley que discrimine a cualquier colectivo, rompe el inalienable principio de igualdad, sobre el que se sustenta el Estado de Derecho, como su principal "valedor", y agranda las brechas obstaculizando la convivencia, al minar el civismo mínimo necesario que lo permita. No se puede pedir civismo a alguien que se le aplica una ley tan incívica como alienarle la parte de sus derechos que le garantizan la igualdad.

Cierto que durante la dictadura, y desde algunos millones de siglos antes, en general, la mujer ha estado sometida injusta e indignamente a los dictados del varón. Se hacía necesario deshacer ese desequilibrio llevando a la mujer al nivel correspondiente a su derecho natural, como persona. Pero hete aquí que los errores se repiten y se mantiene una discriminación igual de injusta e igual de perjudicial para ambos sexos: Se mantiene la injusticia de la discriminación, endosándosela al “enemigo”, y se consolida la ruptura animando al enfrentamiento hombre-mujer, en detrimento de su condición de PERSONAS o componentes de la especie humana, que los debe igualar en el derecho natural. Basataría una regulación sobre unas bases que garanticen la convivencia común, entre PERSONAS. Las diferencias por género, raza, aspecto, etc., se superan en la condición de igualdad que nos confiere la común condición de humanos. Una ley que regule derechos diferentes, rompe esa igualdad, al generar humanos “enchufados” frente a otros “desheredados”, solo por unas diferencias naturales de las que ninguno es culpable. Esas diferencias generan divisiones que inevitablemente producirán enfrentamientos por el lógico conflicto entre el derecho natural, a la igualdad solapándose con un contra-derecho, concedido por ley. Ninguna ley puede dar ni quitar derechos, solo regularlos y equiparlos para que su gestión se ajuste a un uso y disfrute justo por equitativos. Cualquier ley que quite o conceda derechos, genera desigualdad o confrontación, dado que se deslegitima en cuanto pretenda anular el derecho natural de alguien, aunque sea a un solo ciudadano. Desde la aprobación de la ley sobre malos tratos demésticos, donde se discrimina negativamente al varón, han aumentado ostensiblemente los malos tratos entre parejas, lejos del supuesto objetivo de reducirlos. Consecuencia de la confrontación entre dos leyes, ambas legítimas en el uso, pero opuestas en derecho, ya que la ley política despoja de legitimidad al derecho natural, por lo que dicha ley no se ajusta a derecho y por tanto produce los efectos contrarios a los presupuestos a cualquier ley: Injusticia en lugar de justicia

Tampoco, y por las mismas causas, se corrige la discriminación del mercado laboral regalando por ley lo que se debe conseguir mediante el esfuerzo personal. La ley de paridad es una vulgar operación aritmética, con rango de ley, que consagra la discriminación en detrimento del que debiera ser inalienable principio de igualdad. La ley debe garantizar la igualdad en disponibilidad y acceso a todo tipo de oportunidades y medios de cubrir las distintas necesidades, por un lado, e imponer las mismas obligaciones y responsabilidades por otro, para todas las PERSONAS. Cualquier cargo o puesto, tanto en el ámbito privado como oficial, que ocupe o ejerza una PERSONA, debe ser adjudicado únicamente en base a las aptitudes que, requeridas para ese cargo, reúna esa PERSONA, independientemente del sexo, edad, religión, etnia, altura o peso…

¿Se harán leyes de discriminación positiva, para los más débiles frente a los más fuertes? ¿ Para los bajitos discriminados por los altos? ¿Para los gordos discriminados por los flacos? ¿Para los feos discriminados por los guapos? ¿Para los torpes discriminados por los listos? ¿Dejaremos de considerarnos PERSONAS para regularnos, por ley, como colectivos independientes y ajenos, como mujeres, hombres, torpes, listos, gordos, flacos, negros, blancos, altos, bajos…?

¿Se hará una ley de discriminación positiva, para el discriminado, vilipendiado, vituperado e "inalienable" principio de igualdad?

viernes, abril 13, 2007

Poder y Ley, para sometimiento de hombres, a manos de hombrezuelos.



Filed at 12:43 am under Ideario by Clandestino

Tras la larga y ardua batalla contra la Carta Magna, o contra sus espacios democráticos, muchos de los que creímos haberlo visto todo, en la segunda legislatura del Sr. Aznar, nos maravillamos con la capacidad, para superarlo, del Sr. Zapatero en su cómoda y fácil lucha contra la moribunda democracia y contra la Nación rota, que esta debía amparar, como heredero del esfuerzo de gobiernos y presidentes anteriores.

Hay que reconocer que los distintos ocupas de la Moncloa y sus respectivas huestes, han realizado una impecable labor por la erradicación de posibles “accidentes” democráticos en la Constitución que un día vendieron, como tal democracia, con gran festejo a bombo y platillo no exento de medallas y celebraciones a base de jaboncillo y gran boato. Qué pena que ese esfuerzo no haya sido dedicado en consolidar una buena democracia. Tan buena como la que nos vendieron y pagamos. No hay duda de que hoy seríamos una de las democracias más ejemplares del mundo.

La prueba, la gran prueba, de su éxito sobre nuestro constituido y documentado fracaso democrático, la podemos contemplar en estos últimos días en el patético debate sobre el Tribunal Constitucional en referencia a su próximo pronunciamiento sobre el estatuto catalán. Nadie debate sobre la legalidad, alegalidad o ilegalidad del mismo. Parece que lo importante no es que dicho estatuto sea constitucional, anticonstitucional o inconstitucional. Nadie se plantea arrojar al fuego lo que solo produjo indiferencia a sus supuestos beneficiarios. Queda claro que lo importante es reunir suficientes levantamanos para “ganar”. Lo importante es la victoria política, tan injusta como antidemocrática o como anticiudadana. La ley, la justicia, el derecho, la propia democracia en sí, se dilucida en un juego de estrategias y presiones políticas cual partida de póker entre tahúres de la peor calaña, que se mofan y ningunean a toda una ciudadanía que cumple con su parte en el sostenimiento y cumplimiento de esa legalidad que ellos desprecian.

Esta caterva de impresentables que se arroga el derecho a irrogar al pueblo hurtando sus derechos fundamentales, dejan claro que la legalidad democrática y el conjunto ciudadano son, para ellos, la misma mierda.

Esta caterva de impresentables, dejan claro su desprecio por sus deberes de servicio -desde el sometimiento a la justicia- y su amor por el poder ajeno, dejando claro a su vez que una vez recabado, mediante engaño y estafa, el Poder Soberano, del pueblo, ni con aceite hirviendo podrán recuperarlo, en tanto en cuanto la legalidad democrática, como única vía pacífica posible, ha sido abolida en un descarado golpe contra la Nación y su pobre y raquítica ley constitucional y sus escasos, ciegos, sordos -o algo peor- garantes y custodios. No hay garantías democráticas en España una vez que se permite que al Tribunal Constitucional, como garante de la Ley que la avala, se le dé trato de vulgar brazo político de los desaprensivos que pretenden utilizarlo para, lejos de servir al pueblo, imponerle la tiranía de sus intereses de partidos. Ya ninguna ley podrá aplicarse con la fiabilidad y garantías de un Estado de Derecho, por aniquilamiento del mismo.

La Ley Democrática y el Poder Soberano han sido tomados, como bienes de uso particular, por las distintas castas partitocráticas, aspirantes a una parte en el reparto de la Nación, como si fuese una manada de reses, desde su ocupación del Estado. La tiranía se cierne sobre la Nación indefensa y desamparada en la renuncia de deberes por parte de los responsables de hacer prevalecer la Legalidad Democrática y el Estado de Derecho.

El Estado es el instrumento por el que se rige y se ampara el pueblo. Las leyes las hace el pueblo. El poder es el pueblo. La Nación es el pueblo. La calle es el pueblo. El Congreso y el Senado son el pueblo. Los políticos son servidores del pueblo. Cuatro mentacatos -pocos, ladrones y cobardes- han traicionado y robado todo al pueblo, incluida su legalidad.

¿Va a permitirlo, el pueblo?

martes, enero 30, 2007

Perdimos la democracia que, sin saberlo, casi tuvimos

Treinta años han sido necesarios para resignarme a aceptar la triste realidad. Para aceptar que hoy estamos mucho más alejados de la democracia de lo que estuvimos con el régimen de Franco. En nombre de la democracia hemos sido desposeídos de muchos derechos que Él garantizaba. Se nos ha privado de muchas libertades que solo en Él disfrutamos. El perfecto equilibrio económico y social basado en el trabajo y unido al rigor de la ley, que garantizaba la convivencia nacional solidaria y patriota, con un Estado austero y administrado con magistral y pulcra profesionalidad y transparencia, sustentado por las rentas y beneficios por tráfico de empresas (I.T.E. a última hora 4,5%) con (0 % a los asalariados), fue saltado por los aires aquel día en que al Sr. Martorell le fue aceptado el proyecto de la primera reforma Tributaria "democrática", donde los salarios empiezan a pagar impuestos.

Desde entonces para acá fue poco a poco cubriéndose por las sombras de la duda, primero, la sorpresa despues y la frustración final. Lo que prometía ser una maravillosa democracia derivó en privilegios para los privilegiados y sobrecargas sobre los sobrecargados. Las libertades se recalifican como libertinaje para los tiranos y represión para los oprimidos. Leyes y riguroso cumplimiento a los sometidos y omisión para los opresores. Legislar para los grandes negocios de los explotadores y negreros y presión fiscal sobre los pobres paganos. Convertir España en un gran negocio troceado y repartido entre la sociedad que fomentó el odio sobre su más terrible enemigo que les obligaba a ganar su sustento con su propio esfuerzo. Una sociedad mediocre que hoy sabemos de su baja calaña y de su condición de estafadores y vividores a cuenta del esfuerzo ajeno, que fomentó la vulgarización y la ignorancia barriendo todo indicio de aquello que pudiera servir de referencia a nuevas generaciones, para evidenciar su miserable proceder, que impidió el paso a todo político para consolidarse parapetados tras su ruindad a hombros de miles de trepas y vividores.

Lo que aun tienen la osadía de calificar de democracia o Estado de Derecho, en un ejercicio de desprecio absoluto a la inteligencia, no es más que un vulgar negocio de negocios, donde la Nación juega el papel de asno de carga, desposeídos de las garantías franquistas a sus derechos y dignidad, a manos de unos arrieros fieles al amo, y cuyo esfuerzo se lo reparten entre unos pocos miles de dictadorcillos nazis, expoliadores y fascistas, como franquicias al amparo de "nuestro Estado de su propiedad", bien asegurados tras una pantalla construida con un conglomerado de elitistas y clasistas bien acomodados y destinatarios de las migajas en forma de subvenciones y adjudicaciones del gasto público, convertidos en verdugos de los que les mantienen.

No, Franco no era un santo ni su democracia era envidiable, pero limpió los escombros y erigió una potencia económica, que a finales de los sesenta, era admirada y respetada en el mundo, solo con el trabajo de un pueblo al que no dejó mas opción que: O trabajo o hambre y persecución. Esa fue la base de su política. El secreto de su éxito, al conseguir tantos logros con tan austeros presupuestos. Esa fue la principal causa, junto a la ley de vagos y maleantes, que le generó tantos enemigos y tan cargados de odio hacia Él. El riguroso proteccionismo al trabajo y a la clase trabajadora, es el principal objetivo en la venganza de los revanchistas vividores que agazapados tras siglas de españoles y obreros, se infiltraron entre ellos y se ganaron su confianza y su voto, hasta despojarlos de sus derechos y esclavizarlos abandonándolos a su suerte a merced de negreros, expoliadores y estafadores que les garantizan su máscara internacional con un PIB alto que flota en la sangre y la injusticia de su tiranía. Tiranía aplicada con saña y desprecio sobre aquellos que el dictador premiaba y amparaba. Tiranía y mangoneo en un ejercicio de mezquina cobardía y traición sin par, a la Nación que heredaron y a los principios que los hicieron grandes, orgullosos, fuertes, dignos y respetables ante la humanidad.

Ya hemos visto suficiente como para saber que aunque fuese tan malo como dicen, fue largamente superado por sus enemigos, hoy enemigos de la Nación, dejando claro que no fueron, ni son, mejores, siendo su gestión ineficaz o inexistente, desleal y antidemocrática ¿Porqué no se atreve nadie a abrir un debate sobre Franco y la "democracia"? ¿Se le tiene miedo a la verdad?

jueves, enero 25, 2007

La tiranía que se nutre de la sumisión de sus víctimas

Decía el abogado del Estado, Conde Pumpido, algo así: "Será mejor que cumpla su condena en su casa, con vigilancia policial y atención médica, a que se 'fugue', o muera". Razonamientos avalados, con total naturalidad, por otro componente del mismo clan, un tal chávez, y que casualmente coincide con la línea anti legal y anti nacional del talante, que no renuncia a que los asesinos queden sobre el Estado de Derecho.

Enternecedor, ¿o amenazante? ¿Quiso decir que "fugarlo" es el plan "B", si los jueces no lo sueltan? No sería la primera vez que el Estado defiende y ampara a los asesinos de las actuaciones de los jueces, llegando su degradación hasta utilizar a la propia policía para tan despreciable "deber".

Cuando criticamos al Estado sus actuaciones antinacionales y prodelictivas, solemos hacerlo desde una perspectiva que neutraliza el valor de dichas críticas por interpretar al Estado como un Ente abstracto y lejano. Como un demonio cuyas maldades solo Dios pudiera resolver. Como si nuestro subconsciente nos justificara a nosotros mismos ante nuestra propia cobardía y conformismo en el consentimiento de ser estafados por el Estado cada minuto de cada hora de cada día.

"Premeditadamente olvidamos" que el Estado es el conjunto de órganos de gobierno por el que se rige nuestra Nación. Que lo pagamos y lo mantenemos nosostros para que nos sirva fiel y lealmente, desde la más rigurosa observación de la legalidad democrática. Que esos individuos que pasan de nosotros como de comer mierda, los elegimos única y exclusivamente para eso. Ni un solo mvimiento más, especialmente contra nosostros. Que esos individuos que se endiosan usando nuestros medios contra nosotros y se fortalecen aliándose a delincuentes y asesinos, no son un ente abstracto ni ocultos en las nebulosas del infierno. Son delincuentes. Son de carne y hueso y tienen nombres y apellidos y ocupan nuestras instituciones prostituyendo o destruyendo las garantías de nuestra convivencia. Que desde el mismo momento que desprecian a la Nación que les paga para ser servida, se deslegitiman y desde ese mismo instante esta tiene derecho y sobre todo el deber, de expulsarlos de NUESTRO Estado. Por las bravas si es menester.

¿Si arremetemos contra el pescadero cuando le pagamos una merluza y nos sirve un jurel, porqué no lo hacemos con una gente que les pagamos democracia y omitiendo la ley nos entrega odio, enfrentamiento, humillación, vejación y expolio, a la par que acoge, en nuestros aposentos, al hampa criminal?

¿Tan bajo hemos caído y tan miserables hemos llegado a ser? ¿Será verdad que hemos llegado a merecer vivir bajo el pie del enemigo?

¿Cuando va a demostrar la justicia su obligada independencia y va a interrogar al ESTADO sobre sus prácticas proterroristas y antidemocráticas, contra la Nación?

Nadie merece los políticos que tenemos en España

No hace mucho leí al Sr. Franky en VOTO EN BLANCO, algo así: “No hay nadie que merezca sufrir a los políticos que tenemos hoy en España”.

Coincido. Nadie que paga políticos merece esta morralla. Creo que es demasiado castigo para una culpa cuyo origen es la ignorancia, el interés ruín o mezquino, o el simple pasotismo que nos lleve al engaño y a la estafa de unos trileros profesionales y bien pertrechados, como ocupas del Estado. Sin olvidar que los que más sufren sus dramáticas acciones y omisiones, son precisamente los que las perciben y toman conciencia de toda su premeditada y alevosa maldad, cuya denuncia persevera con gritos al silencio de la sumisión de los que les procuran coartadas y un incuestionable soporte, legitimación y amparo, siendo los que menos se percatan de su patética condición de víctimas.

Se puede merecer las pérdidas sufridas en una estafa como la del ‘timo de la estampita’. Pero no una estafa abiertamente impuesta a perpetuidad, a toda la ciudadanía, apoyándose en una suma de minorías seleccionadas y aleccionadas para ejercer de víctimas adoctrinadas, muchos ajenos a su condición de útiles.

Sencillamente tenemos un sistema adaptado al interés de unos pocos, basado en la ignorancia de muchos, la cobardía y sumisión de bastantes y en la impotencia del resto. Un sistema donde no hay más libertad y opción que el movimiento justo para la supervivencia de hoy a cambio de asegurar el hambre de mañana. Donde las miserias humanas no son simples defectos sino las únicas herramientas permitidas para pernoctar en la fría y eterna noche del presente que niega absolutamente cualquier esperanza de luz al futuro, obligando a mendigar un hoy que niega un mañana, pero al precio de toda una eternidad.

No. Nadie puede merecer, ni desearle a nadie, unos políticos de esta calaña, patrocinados y promocionados por las mafias que los utilizan de testaferros y capataces, que garanticen las condiciones “legales” para la explotación y esquilmo de toda una Nación de ciudadanos sometidos y uncidos al yugo de la degradación mas baja y despreciable, mediante la jerarquización enfrentada de sus propias miserias, desde la ignorancia más zafia y chabacana, hasta el terrorismo más asesino y deleznable, teniendo especial cuidado de no entorpecer los chorros de riqueza que entran en sus alforjas, y de impedir que abunden motines o rebeldías como las de Villaconejos o Fago, ni expresiones salidas del subconsciente más sincero, como las del edil de Alhaurín el Grande, cuestionando el Estado de Derecho, a día de hoy sólo posibles en pequeños colectivos por la difícil subdivisión de sus diferentes debilidades, para elevarlas, de forma truculenta, a categorías de vital sustento del orgullo visceral, que los divida, enfrente e impida la racionalidad que lleve a aunarlos en objetivos comunes, contra la tiranía.

“Sin lucha no hay victorias”